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Mundo profesional

 

Herrería (1936-1956)

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14 de febrero de 1965. ‘Las rejas limeñas y martinete español.’ Suplemento del diario Expreso: ‘Estampa’.  PDF

Nosotros somos diez hermanos y la mamá siempre veía con qué jugábamos, qué inclinación artesanal teníamos, y de acuerdo con eso, nos buscaba el oficio. Al terminar mi quinto grado de primaria fue mi madre la que me dijo: “Tú vas a ser cerrajero”. “Y eso qué es”, le dije. “Ya vas a ver que te va a gustar”. Entonces me llevó de la mano a donde uno de los mejores maestros cerrajeros que había en el Perú: Nicanor Zúñiga (autor de las rejas y barandas del edificio que ocupa el diario El Comercio) . Le dijo, como se decía antiguamente: “Maestro, aquí le entrego a mi muchacho para que lo haga un hombre”. “Déjelo nomás, señora...” Eso fue en el año 36. Entonces se aprendían muchas cosas. Se hacía un trabajo artesanal del siglo XV. Uno iba a un taller en esa época y le decían: “¿Sabe trabajar?¿Cuánto quiere ganar?” “Dos soles diarios” “Bueno, hágase sus herramientas”. Y entonces teníamos que hacernos un martillo, el juego de tenazas... Hacer un martillo es una cosa hermosa. Se puede comprar en la ferretería, pero hacerse su herramienta es una prolongación del brazo mismo. La cerrajería peruana era de corte español, a base de arabescos, por influencia árabe. Cada herrero tenía un estilo que lo caracterizaba como una firma o una huella digital. Ese sello artesanal se conseguía en diez, quince años de trabajo.

Siempre se cantó en la herrería, porque la forja tiene un ritmo. Fíjate, se trabaja con dos machos o combas y como el martillo no rebota cuando el hierro está al rojo, para ahorrarse el esfuerzo de levantarlo se da un golpe en el yunque para que rebote. Por eso hay una musicalidad: entre el sonido sordo de la comba, el golpe del martillo sobre el hierro al rojo y contra el yunque; como el coro de los herreros en la ópera 'El trovador' de Verdi: Kimpun kapun, kipun kapun... Uno cantaba sobre ese ritmo, con el fuelle de la fragua que hacía como una tuba. Entonces había una armonía que lo hacía cantar fácilmente. Es un canto 'a capella' que no lleva más ritmo que el de la fragua. Esto de alguna forma me ligó a la actividad artística que, en el fondo, no es ningún cambio sustancial: de forjar hierro a forjar palabras, por ahí están las cosas. Y es justamente en los años 40 cuando empiezo a escribir mis primeras décimas, al reverso de los planos que me entregaban para hacer rejas. A veces devolvía los planos garrapateados sin darme cuenta. Menos mal que los dueños eran unos italianos condescendientes con mi afición.

El 16 de diciembre de 1953. Monta su propio taller de herrería al lado de su casa, en el Jirón Pastaza, 643 : HERRERÍA Y CERRAJERÍA SANTA CRUZ.

El 25 de abril de 1956. Deja el taller de herrería a cargo de sus hermanos y se dedica a recorrer el Perú recitando sus décimas, en lo que él mismo define como una búsqueda de su destino.

El taller estuvo en activo hasta el año 1970 aproximadamente.

Banco Internacional

Según cuenta su hermano Jorge (1918-2009): "Luego nos fuimos a Azcona, Breña, y es ahí donde se interesó por la cerrajería artística. Empieza a trabajar haciendo rejas de fierro forjado, tenía el sentido del arte pues. Es muy bonito poner el metal al fuego y cuando está al rojo vivo darle forma. Él hizo parte del trabajo de una reja de lo que era el Banco Internacional, frente a la Iglesia de la Merced, donde está el monumento a Castilla. También participó haciendo una reja de fierro forjado para el mausoleo de Felipe Pinglo en el Cementerio Presbítero Maestro"

Sede de El Comercio. 

Segú cuenta Mercedes Castillo (1936) viuda de Nicomedes, él trabajó en las rejas de la sede del diario El Comercio e incluso la llevó en alguna ocasión para que viera su trabajo. 

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En la puerta de su taller. Jirón Pastaza, 643

Junio de 1954.

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A la izquierda, Jirón Pastaza nº 643, se aprecia el portón del lugar que ocupó el taller de Nicomedes.

 

En el medio una puerta, nº 645,  que no existía antiguamente y que era la entrada de un callejón que discurría paralelo al taller y en cuyo fondo, pasado el taller, se disponían una serie de cuartos; en uno de ellos vivió Nicomedes cuando deja la casa familiar  (en la puerta siguiente).  

A la derecha, ventana (detrás del árbol) y puerta del  hogar de la familia Santa Cruz en el número 651. Las rejas de la puerta y ventana fueron forjadas por Nicomedes. 

Fuente Google Street View. 2023

Testimonio de Rafael Herrera (conocido en el barrio como "Macanche"), 1944.

Audio de 2024.

Nos relata su experiencia en el taller desde que comenzó a trabajar en él a los 12 años siendo vecino de los Santa Cruz. Así como su relación con la "mamama" (abuela Victoria, madre de Nicomedes), con Victoria (hermana de Nicomedes) antes de entrar en el mundo artístico; o su amistad, que todavía perdura, con Octavio Santa Cruz Urquieta (1943, sobrino mayor de Nicomedes) 

El borrador de abajo está basado en trabajos de Alina Santa Cruz sobre la casa familiar. 

1. Puerta de entrada al taller de Nicomedes, en el 643 de Jirón Pastaza (en el audio se dice erróneamente 641)

2. Nº 645, entrada al callejón que conducía a los cuartos de alquiler y que originalmente no contaba con la puerta metálica. 

3. Nº 651, puerta de entrada al hogar de los Santa Cruz.

4. Taller de Nicomedes

5. Cuarto nº 1 donde vivió Nicomedes 

6. Casa de la familia Santa Cruz

7. Recorrido del callejón (en rosa)

00:00 / 16:50
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Trabajo realizado por Nicomedes

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