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1960 - 1980

El 29 de Octubre de 1960 ocurre que hay una manifestación contra Ecuador, por los problemas fronterizos y ante ciento veinte mil personas aproximadamente, hago unas décimas que son consagratorias para mí. En décimas anuncio también a Gladys Zender, primero como Miss Perú, y luego como Miss Universo.

78.Imagen. Diario "La Crónica" 14 de agosto de 1957. "El rumor de anoche". Por Armando Cerna. Texto del poema dedicado Gladys Zender que llegaría a ser Miss Universo.

Todo esto es una cosa fortuita, que va contribuyendo a que rápidamente me haga conocido. Yo siempre hacía una décima para cada cosa. Le cantaba al Alianza Lima, al Señor de los Milagros.  En el año 60 hago "Talara, no digas yes". Y ahí tengo el primer problema político.

D.Nicomedes Santa Cruz Aparicio horas antes de partir a EE.UU.
Homenaje a Rosa E. Figueroa. 1961

Parece que yo estaba llenando un tremendo vacío que había en diferentes sectores, y todo caía dentro de lo normal. La décima al Señor de los Milagros parecía que formaba parte de la procesión que tenía 300 años; la décima contra Ecuador parecía formaba parte de un programa cívico; la décima al Alianza Lima era un reconocimiento de todo el pueblo que se sentía identificado con el que creía que era el equipo de fútbol más popular. Pero cuando voy a Piura, en vez de decir "Piura, que bonita eres", lo que digo es: "Talara, no digas yes / mira al mundo cara a cara; / soporta tu desnudez / ... y no digas yes, Talara".

Porque cuando estuve buscando mi destino, estuve trabajando en el petróleo y veía la valla de la zona americana y me contaban los trabajadores que ellos sabían, porque habían nacido ahí, dónde había petróleo y que los capataces "se hacían los locos", porque en la zona peruana encontrar petróleo era más trabajo, y ellos vivían de los dividendos de los norteamericanos, de las regalías... Entonces no era más que chupar, ir a los burdeles de la zona, y que los norteamericanos siguieran explotando petróleo. Pero a mí me jodía ver la valla en la zona norteamericana, donde todo el mundo vivía como reyes, pero que no se podía entrar ahí si no tenía el rótulo. Entonces, algo me impacta, y todo esto es fácil que me llegue, porque he sufrido mucho como obrero, son 20 años de trabajo y yo tengo una carga de identidad proletaria y también de un patriotismo que me da mi madre. Mi madre fue una mujer patriota, como era la gente antigua, que había sufrido tantas revoluciones frustradas, que tenía un amor a la bandera, a la dignidad, a la frontera y a todas estas cosas, que después se pierden. Entonces renuncio a ir de gira, que me iba a reportar unos centavos muy interesantes, pero me quedo con la décima tal y como fue concebida, sin modificaciones. Cuando en el año 60 sale mi libro apenas tengo tiempo de meterla, y "Talara" es la última décima de mi primer libro, editado por Juan Mejía Baca en 1960.

D.Nicomedes Santa Cruz Aparicio horas antes de partir a EE.UU.
Inauguración del Campeonato Sudamericano de Baloncesto. 1963.

Más adelante empiezo a incursionar en la política en el año 1961. No acepto lo de Belaúnde, que me quiso meter en su partido; y me meto en otro partido, que creí que era un partido de guerrilla, solidario con la Revolución Cubana. Y lo era a medias, pero en cada plazuela hago una décima política a esa zona. De ahí salen "Yo soy revolucionario", y un montón de décimas más. Esta politización da un resultado fatal para mi economía y mi popularidad, porque la misma gente que me aplaudía ve que estoy cantando y que estoy subido en un tabladío con gente que ya ha creado problemas antinorteamericanos y entonces pierdo un gran sector de la oligarquía. Yo recuerdo que le he cantado a personajes que eran directamente contratados por el presidente del Jockey Club, que era Claudio Fernández Concha; por el presidente del consorcio de textiles de poliéster, que era Santiago Gerbolini; por el presidente de la Asociación de Cafetaleros Latinoamericanos, que ahí hago "El Café". En fin, las más altas instituciones. Ya no tenía precio lo que yo hacía. Un obrero ganaba en esa época mil o dos mil soles mensuales, y yo cobraba 30, 50 y hasta 100 mil soles por una décima. Era una cosa que yo me volvía loco con la cantidad de plata que tenía, porque yo tenía un millón de soles en el bolsillo. Yo vivía en un cuartucho y lo que hago es que me voy del país, porque veía que todo era política y no había atención a mis décimas, que eran sobre la cosa tradicional.

Entonces le digo a Sebastián Salazar Bondy: "Me voy, porque quiero que pase esto y volveré". Y Salazar Bondy me dice: "No; tienes que participar". Le digo que la única manera de que yo participe sería en una cosa guerrillera, en una cosa así como la que está pasando en Cuba, que es lo que nosotros necesitamos. Salazar me dice: "Yo te llevo a ese partido". Cuando me di cuenta, no era eso lo que yo quería, pero ya ellos habían lanzado en todos los diarios que yo estaba en ese partido, aunque sin haber firmado ningún papel, pues nunca me he afiliado a ningún partido político; pero yo no conocía cómo se maneja la política.

A pesar de mi incursión en la política del 61 al 62, que me margina de toda la aristocracia (o de la oligarquía, para ser más exactos) la que me mira ya con ojos un poco de enemigo, hay por parte de ella una necesidad de este "elemento Nicomedes Santa Cruz". Esa burguesía es bastante astuta, por lo que dice: "bueno, este hombre no significa una organización, es un hombre al que a lo mejor puede manejársele o utilizársele, pues necesita plata; además de que continúa con su ascendiente sobre un gran sector del pueblo".  

De ahí es que me voy a Brasil, porque quiero que el público se olvide de mí, y allí ocurre lo más extraordinario que me haya pasado en la vida, cuando lo primero que encuentro en la Av. Mariscal Floriano, es un monumento a la nación brasileña, que tiene en la base, donde comienza el fuste, cuatro esculturas, y arriba está la patria de Brasil. Pero a un lado tiene el bandeirante, el colono portugués, el indio tupi-guaraní, el caboclo y el negro. Cuando yo veo un negro en bronce, he sentido una emoción que hasta ahora me parece que lo viera. Es cuando digo, este país es extraordinario. Era la época de Joao Goulart. Ahí conozco a Edison Carneiro; él me dice dónde puedo conseguir literatura. Voy a Bahía, donde me quieren meter en el Candomblé; voy a un "terreiro" y me dicen que "tengo algo", que puedo ayudarlos mucho, que ellos me podían dar secretos que no tenía nadie. 

D.Nicomedes Santa Cruz Aparicio horas antes de partir a EE.UU.
Junto al monumento que tanto le impresionó. 1963.

Por fin llego a la Universidad de Bahía, cuando se celebra el "Primer Congreso sobre Alimentación en los Países Subdesarrollados", y el homenaje que le hacen a Jorge Amado, que era el ídolo de los estudiantes. Por primera vez veo delegados africanos. Ahí es donde yo me salgo de todo esto y me pongo a vivir en un pueblo que se llama Feira de Santana y me pongo a escribir. La cuestión es que la prensa brasileña daba mucho espacio, página tras página, al problema del negro, cuando en el Perú no se veía nada de eso. Esa experiencia de Brasil cambió mi vida.

Vuelvo a Perú con todo ese material, y empiezo a recorrer las universidades, particularmente la Universidad de Ingeniería, y la Universidad de San Marcos. Todo aquel estudiantado era diferente al de ahora. Tenían una sola conciencia, la de ayudar al trabajador, de impugnar toda la penetración, y no había problemas entre ellos, o en todo caso los problemas ideológicos no obstruían el avance. En la universidad estoy constantemente trabajando con el estudiantado. Allí me doy cuenta de que el aplauso que recibo es cuantitativamente inferior al otro, que no hay cientos de miles de soles, pero que cualitativamente ese aplauso suena diferente que el otro aplauso de "La Pelona", de "Ritmos Negros"; es un aplauso político; es un aplauso militante; es un aplauso fuerte.

El movimiento negro cambia; ya no es Lumumba, como yo pude cantar en el 60; ahora es Stokely Carmichael; han matado a Luther King, luego matan a Kennedy; se me echa encima toda la izquierda. Hugo Neira se da cuenta de ello y dice que no es ningún error de Nicomedes. Y efectivamente, yo le canto a Kennedy porque lucha por el negro, pero Kennedy también mandó mercenarios a Playa Girón.

Cuando Paco Moncloa y Salazar Bondy vuelven de Cuba y me dicen "¿Tú quieres ir a Cuba? Te llevamos". Y yo les digo, "Sí, quiero ir"; me responden "¿A quién quieres conocer, a Fidel?". "No", les digo, "a Nicolás Guillén". Y me dicen "negro traidor" Y les digo "pero si Guillén viene luchando desde hace 20 años por lo que ha hecho Fidel". Ellos no entienden nada. Por negritud yo he estado más cerca de Guillén que de Fidel, y por negritud estuve más cerca del Kennedy de Alabama que del Kennedy de Playa Girón. Pero todo esto es grave, porque tampoco se puede estar así también. Entonces, cuando llega Angela Davis me doy cuenta que yo estoy quedándome atrás, que por no cometer errores no escribo, y por tener tantos libros ni puedo leer, porque mis mismos libros me apabullan.

D.Nicomedes Santa Cruz Aparicio horas antes de partir a EE.UU.
Canal 4. Perú. 1966.

Cuando en el 64 la firma Philips me auspicia Cumanana en su primera edición, Mujica Gallo -fundador del periódico Expreso, del que yo también soy fundador, porque él me llama a fundarlo- me da 15.000 soles para que yo edite el álbum y él se encarga de distribuirlo. Lo entrega a la revista Caretas para que haga un trabajo. Fueron cuatro páginas dedicadas a Cumanana. 

Este álbum Cumanana es muy valorado dentro de mi actividad, porque ya no es el periodismo, ya no es la décima, es un trabajo de investigación, y empiezo a trabajar en televisión, precisamente con la "Compañía Cumanana", con todo este mundo que empieza a tener importancia derivada de la independencia de los países africanos. Hay un interés serio de querer encontrar la presencia negra en el Perú, presionado por los acontecimientos africanos y porque se dan cuenta que en el Perú hay negros, y que yo venía trabajando hacía tiempo en eso. Entonces lo negro empieza primero ahí, tanto es así que cuando sale el  libro "Cumanana", toda la crítica, como Juan José Vega, Hugo Neira... todas estas gentes dicen que es el mejor libro que he escrito.

En el año 67 voy a Cuba, y por primera vez leo El Manifiesto Comunista; veo todas las obras de Lenin, y ahí adquiero otra dimensión,  una visión del mundo diferente, por lo pronto muy dogmática. Creo que todo el mundo que no haga lo que plantea Marx es un cabrón... es una mierda... que había que tener eso metido en el bolsillo para consultarlo. Pero también me doy cuenta de que yo he sido muy injusto con la intelectualidad peruana. Yo decía "A mí, me marginan porque soy negro, y me han hecho esto y esto otro". Y no era así, porque volviendo de Cuba comienzo a ver todos los libros que tengo, que nunca había leído, y son libros que me han dedicado los propios autores: Romualdo, Javier Heraud... O sea que he conocido  una cantidad enorme de poetas e intelectuales, a los que he confundido con el público, porque me aplaudían en los barrios, me daban sus libros y todo y yo los guardaba, y lo que pensaba era: "Cómo me quiere la gente". La cosa es que no discriminaba, no discernía. Yo he cometido errores, que son producto de haber pasado sin transición de 20 años de obrero, al trabajo literario y artístico con el público. No me doy cuenta de quién es quién, y ya es tarde también para tomar otra medida.

Sin embargo, el viaje que hice a Cuba en el 67 no me permitió encontrar lo que soñaba buscar. No lo encuentro porque yo fui a Cuba pensando que me ocurriría lo mismo que en Brasil, que encontraría una serie de actividades que me nutrieran en el aspecto cultural y lo que encuentro es una tremenda motivación política, lo que encuentro es una realidad de lo que para América Latina había sido únicamente una teoría de la posibilidad de un nuevo mundo de justicia y de equidad. Y el mismo Fidel (que posiblemente se daba cuenta de lo que nos pasaba a todos, nos reúne a cerca de dos mil delegados, la mayor parte de OLAS, otra parte del Salón de Mayo, y los que éramos del "Encuentro de la Canción Protesta"), en una reunión de toda una noche en la Isla de Pinos nos dice: "Todo lo que ustedes han visto aquí, lo quieren para sus países, pues vuelvan a sus países lo más pronto posible y luchen para que se haga realidad". Entonces tengo que dar marcha atrás en todo lo que yo había pensado, pues ya incluso había renunciado al diario Expreso, y a un montón de cosas más, para quedarme en Cuba. Es cuando me doy cuenta de que mi presencia en Cuba no hacía falta, sino que lo que hacía falta era que yo captara todo lo que había en Cuba para hacerlo en mi país.

Efectivamente, regreso a Perú y empiezo a trabajar muy fuerte en la poesía, lo que me lleva a Cuzco por primera vez. En la Plaza de Armas, ante un estudiantado universitario y el campesinado, empiezo a declamar mis poemas y me doy cuenta que mis esfuerzos por acercarme al hombre de la Sierra con la misma fuerza y con el mismo amor que me había acercado antes al hombre negro de la Costa, está dando sus frutos, porque Cuzco me recibe como un hijo de la tierra.

Empiezo a trabajar una poesía que empieza a identificarse con el problema indio. Es cuando escribo "Indio", "El desalojo", "Los Comuneros". En fin, toda una producción que trata de acercarse al indio.

D.Nicomedes Santa Cruz Aparicio horas antes de partir a EE.UU.
En la televisión peruana, en la segunda mitad de la década de los setenta.

Ya en estos momentos empiezo a viajar mucho, vuelvo a Cuba (1974), viajo por el continente, pero veo que el proceso se va deteriorando rápidamente, al punto que en el año 1974 ya ni los mismos militares creen en su revolución. El Sistema Nacional de Movilización Social, Sinamos, resulta una entidad nefasta; el estudiantado universitario que se ha balcanizado en una serie de corrientes también me repudia; surge un movimiento poético, "Hora Cero", que sataniza todo lo que hago, sobre todo por haber hecho un anuncio publicitario; entonces se produce una descomposición total. Esta descomposición culmina con el desaforo de Velasco Alvarado.

Yo me refugio en la TV, presentando lo que venga, sin discriminar lo que hago; me refugio en el periodismo y lo único positivo que he estado haciendo en los medios de comunicación desde el 71, es en la radio, en "Radio América". Allí hago "Así canta mi Perú", donde rescataba los valores folklóricos, y sobre todo hago el programa "América canta así", que es la introducción del nuevo canto latinoamericano, a través del disco, aunque también tengo invitados, en el ambiente peruano. Eso es lo más positivo que hago. Pero a partir del año 1979 tampoco hago radio y sólo me queda la televisión (ésta de incierto futuro con la llegada de la empresa privada).

Incluso en Lima había ocurrido un fenómeno bien ingrato. La juventud de 14 y 17 años que me respetaba, se burla de mí en las calles. Es todo lo contrario de cómo hasta los tranvías de antaño paraban para que yo cruzara los rieles, y si entraba a comprar cigarrillos en un café la gente comenzaba a aplaudirme espontáneamente; veo cómo me quieren tipificar con "La Pelona", como si fuera una especie de grillete, y el grito que le hacen a todos los negros, "uh, uh, uh", imitando mi voz y todo por calles y plazas, como un vejamen y una burla cruel. Es entonces cuando me doy cuenta de que todo está perdido.

Ahora, cuando he venido a México (1982), nuevamente me ocurre el fenómeno que ya me ha ocurrido otras veces. Que en México hay un montón de gentes que han seguido la trayectoria de "Muerte en el ring", traducido al inglés en Estados Unidos; que mi poesía hacía falta aquí en México; que es una poesía que tiene un montón de elementos esclarecedores sobre problemática caribeñas, y mesoamericanas. Entonces, salir de esta frustración, de este desaliento de la Lima del 80, y llegar en el 82 a un México que quiere grabarte, que quiere hacer un montón de cosas, es lo que a uno lo vuelve a revitalizar y decir que todo no estaba perdido, que la política y la historia tienen sus altibajos, o estos ecos que a veces no llegan a uno.

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Extraído de:

Entrevista de Pablo Maríñez realizada en 1982 publicada en "El Gallo Ilustrado". Domingo 22 de Marzo de 1992. México, D.F

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"Nicomedes Santa Cruz: Decimista, Poeta y Folklorista Afroperuano", edición peruana. Pablo Maríñez.

 

 

 

 

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